martes, 10 de febrero de 2026

¿Dónde está el impecable?, clamó el masón Enrique Flores Magón.

EN SU LOGIA LE PIDIERON EN 1937 A ENRIQUE FLORES MAGÓN FORMAR PARTE DE UNA COMISIÓN PARA REDACTAR UN CÓDIGO MORAL MASÓNICO.

UN VERDADERO MASÓN. ÉSTO FUE LO QUE CONTESTÓ:

(Debería estar en todas las logias para la enseñanza de los farolones). 

(La de él forma parte del recorrido que organizo en la CdMx)

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**ENRIQUE FLORES MAGÓN**

Calle Nueva, Núm. 76

San Pedro de los Pinos  Eric. 5-17-10

**MEXICO, D. F.**

 Diciembre 22 de 1937.

Compañeros

Alfonso R. Carrillo y                                                            

Julia Alonso de Carrillo,

¡Salud!

Os debo una explicación, que me considero obligado a daros, ya que nos distinguís, a mi compañerita y a mí, con vuestras bondades y estimación. Pero, antes, permitidme rogaros que no sintáis ofensa con lo que paso a expresar. Si externo mis opiniones ante vosotros, es porque os considero despojados de vanidades y orgullos y dotados de cerebros amplios e inteligentes, con los cuales puede razonarse francamente.

Enrique Flores Magón.- Wikipedia.

Deseo justificar ante vuestros ojos, mi poca atención y condescendencia al no aceptar vuestra fraternal invitación a asistir a la reunión que el jueves próximo, mañana, celebrarán los miembros de la Unión de Maestros Masones, para discutir, planear y emitir un Código Moral Masónico


Con franqueza os digo que no me considero con tamaños bastantes para emprender obra de tal naturaleza y darle cima a la misma, sin haber retorcido mi conciencia propia. Porque, como buen ser humano que soy, en mi propia naturaleza está ser imperfecto. ¿Cómo voy, pues, a ordenar a mis semejantes que sigan determinadas reglas que yo mismo, dada mi imperfección, quizás violaré?

Dada mi imperfección humana, ¿no resultaré, como el vulgo dice, "el Diablo Predicador," pretendiendo sentar reglas morales que, de seguro, violaré yo mismo, si las circunstancias y condiciones existentes me son favorables, o me empujan a hacerlo? ¿Dónde está el impecable, el super-hombre, el semidios, o dios mismo, que pueda sentar reglas morales sin temor a violarlas él mismo?

¿Dónde está ese mismo ser superior que pueda decretar lo que es bueno y lo que no es? En mi opinión, el concepto de moral es relativo; lo que ayer fue para nuestros padres bonísimo (como ser obediente al amo, creer al cura a ciegas, etc.) y que fueron tenidas como virtudes, hoy no tiene para nosotros valor ético alguno. La moral varía según las condiciones existentes y las circunstancias que median y moldean los actos humanos.

En otras palabras: la ética es el producto de la evolución mental y material de los seres humanos, así como de las condiciones y circunstancias que ejercen influencia sobre sus actos, hasta convertirlos en costumbre; la que los consagra y alinea y cataloga dentro de lo que llamamos reglas morales, que con el tiempo van variando. ¡Cuántos actos de los que nuestros antepasados tuvieron como la expresión de la más alta moralidad, ahora lo son de la más degradante inmoralidad!

En consecuencia y como resumen de todo lo anterior, considero, antes que todo, que no tengo derecho a marcar a otros la norma de conducta que deben seguir, ni aprobar o desaprobarla, premiándolo o castigándolo, si sigue o abandona y desoye esas normas que yo le marque, atribuyéndome un derecho que no tengo, porque nadie me lo ha conferido.

Yo considero que en las relaciones humanas, mientras menos reglamentemos, es mejor; como mejor es el gobierno que gobierna menos, según decía Lincoln, que conocía el paño que cortaba, ya que había sido Presidente de Estados Unidos por dos veces. Considero que para normar las relaciones humanas, lo mejor es guiarnos por las Leyes Naturales. En esto sí soy un sempiterno y archinaturista.

Yo creo que todos los seres humanos, por el simple hecho de haber nacido y de nacer, traemos con nosotros estos tres derechos básicos, inalienables: el derecho a vivir; el derecho a ser libres; el derecho a ser felices. En consecuencia, creo que todos los seres humanos, sin distinción de sexos, razas o color, tenemos el perfectísimo derecho de asegurar el goce y disfrute de esos tres derechos innatos, para nosotros mismos, en toda su extensión, en toda su pureza y fuerza.

Pero como no somos los únicos seres humanos sobre la Tierra, a más de que como un principio de equidad y justicia y conveniencia propia, debemos respetar en todos los demás seres humanos el ejercicio de esos mismos derechos, para que ellos, a su vez, nos lo respeten. Y dentro de mi imperfección humana, procuro formarme mi ética propia en mis relaciones con los demás seres humanos, respetando en ellos los derechos que para mí mismo reclamo; ética rudimentaria, basada solamente en las leyes naturales y en el reconocimiento de los derechos que acabo de apuntar, por ser innatos e inalienables.

Perdonadme la molestia que os he causado con esta larga carta. Y quedo como siempre,

Fraternalmente vuestro por la Causa Humana,


(Firma rúbrica)

**ENRIQUE FLORES MAGÓN.**

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