martes, 8 de octubre de 2019

Los libros prohibidos de Lucas Alamán

Los libros prohibidos de Lucas Alamán
Wenceslao Vargas Márquez

Lucas Alamán nació en Guanajuato en 1792 y murió en la Ciudad de México en 1853. Fue triunviro ejecutivo en diciembre de 1829 (con Luis Quintanar y Pedro Vélez) tras la caída de Guerrero. Estudió química y mineralogía en México, Alemania y Francia. Se constituyó en el más sólido intelectual del conservadurismo mexicano en el siglo XIX. Fue político e industrial además de historiador.

Lucas Alamán “había sido masón escocés”, dice José María Mateos en la página 132 de su obra Historia de la masonería en México. La afirmación la repite Lorenzo de Zavala en la página 200 del tomo II de su Ensayo Histórico de las Revoluciones de México; escribió acerca del gabinete de Bustamante. “Todos estos pertenecieron constantemente al partido que llamaban escocés”.  

La condición de “masón escocés” de Alamán la niega Luis Zalce, tomo I, página 100, de sus Apuntes para la Historia de la masonería en México. Zalce dice que el único masón en el gabinete de Anastasio Bustamante era el propio presidente y que no lo era ninguno otro: ni Facio, ni José Ignacio Espinosa, ni Rafael Mangino, ni Lucas Alamán. El señalamiento de Mateos de que Alamán fue masón escocés es para Luis Zalce ‘una imputación dogmática y arbitraria’. Pero ya vimos que el señalamiento no sólo viene de Mateos sino también de Lorenzo de Zavala.

Es importante subrayar en éste caso y en cualquier otro de la época que tocamos que una cosa es “haber sido masón”, es decir, vivir una ceremonia de ingreso a la masonería, y otra cosa es “pertenecer al partido escocés”, esto es, participar en un grupo político de ésa filiación. Desde nuestro punto de vista quizá Alamán se inscriba en la segunda opción.    

Mi ejemplar de la biografía firmada por Valadés
José C. Valadés (1901-76), en la biografía Alamán, estadista e historiador, narra contactos de Alamán con la francmasonería. En su juventud, el 26 de septiembre de 1812, a los 20 años de edad, la Inquisición halló en su poder tres libros prohibidos: un ejemplar de la Historia de América de Robertson, la Emile de Surville y El Vicario de Wakefield de Goldsmith, en inglés las primera y tercera, y en francés la segunda. 

La librería Gandhi dice lo siguiente respecto de la obra El vicario de Wakefield: "Oliver Goldsmith publicó en 1766 la historia del vicario Primrose, una persona mediocre, pastor de un pueblo que vive rodeado de su familia en aparente paz. Pero esa paz es interrumpida cuando la fortuna del hombre desaparece por la quiebra de aquel a quien se la había confiado y por las sucesivas desgracias que suceden a cada miembro de familia. Pero el vicario se sabe sobreponer a todo, y a pesar del irónico final, esta novela ha sido leída con interés por varias generaciones, ya que el arte de Goldsmith consiguió sintetizar en una sola obra los diversos temas de las narraciones inglesas de esos tiempos". Esto perseguía la Inquisición en 1812.

La Historia ..., de Robertson.
José de Aguirrezábal, secretario del Santo Oficio, y Anastasio Marín de Duárez, oficial, inquirieron a don Lucas. Alamán “puso de manifiesto dos estantes de libros” e informó que el libro de Robertson lo había comprado al maestro de inglés don Juan de la Cantera, que hacía poco había regresado de México, procedente de La Habana y quien vivía en casa de la señora Panes, junto a la Alameda.

Dijo que el libro de Surville lo había adquirido en la librería de don Manuel del Valle, y el de Goldsmith, lo había obtenido como premio en la Academia de idioma inglés que ‘se tiene todas las noches en la citada casa de don Manuel del Valle’. Se llevaron los libros. El de Robertson por estar prohibido y los otros dos, dice el acta inquisitorial, “para averiguar si deberían estarlo”.

La Inquisición siguió los pasos de los distribuidores de los libros y fue en busca de don Juan de la Cantera. Este ‘resultó después ser francmasón’, dice el biógrafo Valadés en la página 53. Reconoció Cantera haber tenido un libro en francés que había cambalachado a un italiano apellidado Fabri, a quien se lo pediría. Sin embargo, ‘torturando su memoria, logro recordar que aquel libro llevaba en su inscripción el nombre de Volter’; Volter es, por supuesto, la pronunciación de Voltaire.

Este Fabri (Felipe) es mencionado por De la Torre Villar (Los Guadalupes, página IX) al comentar afirmaciones de don Nicolás Rangel en su obra de 1932. De la Torre Villar escribió en 1984:

“Nicolás Rangel señaló hace más de 50 años la presencia de varios masones de ascendencia francesa entre los servidores del virrey Revillagigedo y cómo también otros funcionarios españoles en Manila y Nueva España y algunos artistas, como el pintor italiano Felipe Fabris, habían sido procesados por pertenecer a la masonería y expresarse en contra del régimen monárquico, la jerarquía católica y las creencias religiosas”.


Añade el biógrafo Valadés (página 54) respecto de Lucas Alamán: “Este encuentro con el Santo Oficio produjo en Alamán, sin duda alguna, un cambio en su pensamiento. Él lo calla, pues ni siquiera menciona el hecho en los apuntes autobiográficos inéditos”.

Y el asunto concluye extrañamente en nada: “Probablemente intervino el medio hermano de Alamán, don Juan Bautista de Arechederreta, ‘poderoso personaje eclesiástico, intervino para que el Santo Oficio dejase en paz a don Lucas’, pues éste no es mencionado más en el tenebroso expediente.

Tiempo después, al caer el gobierno del escocés Bustamante (1832), Alamán se vio obligado a defenderse de la acusación de la muerte del masón yorkino Vicente Guerrero, presidente en 1829. Niega allí don Lucas su pertenencia a la masonería. Dice su biógrafo Valadés en la página 330:

“Sin haber pertenecido yo nunca a ninguna sociedad secreta vine a ser el blanco de los tiros de una de las que han dividido a la República… Todos cuantos pasos se dieron en el asunto, prueban que éste se dirigía por resortes ocultos, y que no se perdonaba medio alguno para llevar al cabo lo que se tenía de antemano resuelto”.

En 1834 Alamán calificaba a la masonería de peste. ¿Por qué la calificaba de peste? Respuestas en mi libro La masonería en la presidencia de México.