lunes, 8 de mayo de 2017

El 15 de mayo y la caída del imperio

El 15 de mayo y la caída del imperio

Wenceslao Vargas Márquez

Hace precisamente 150 años Maximiliano de Habsburgo defendía en Querétaro los restos de su imperio. Era la primera quincena de mayo de 1867, era la última quincena de Maximiliano en libertad y como emperador de México. Al amanecer del 15 de mayo el emperador debió entregar materialmente su espada a Escobedo en el cerro de Las Campanas, lugar donde un mes después sería fusilado. Mariano Escobedo al frente de las tropas republicanas asediaba la circunvalación de la ciudad mientras Juárez y su gobierno estaban estacionados en San Luis Potosí.


Culminaba así un experimento político de tres años impulsado por nacionales y extranjeros. Culminaba un sitio militar que había empezado dos meses atrás, en marzo, y culminaba también, en el desastre, un imperio siempre frágil que había comenzado tres años atrás, en abril-mayo de 1864.


Maximiliano comenzó a quedarse solo desde que empezó a acompañarse de los liberales moderados y de unos pocos liberales a secas con que quiso ampliar la base política de su gobierno. Recién en diciembre del año en que llegó a México, 1864, chocó con el nuncio apostólico. Al inicio de 1865 el nuncio abandonó el imperio y con él se fue una de las más importantes fuentes de apoyo político que es el apoyo religioso vaticano. En julio de 1866 se fue Carlota a Europa a pedir apoyos, y la certidumbre de su locura -que data muy probablemente de septiembre- la constató Maximiliano a fines del mismo 1866. (En este espacio hemos buscado fijar una fecha aproximada de la evidencia incontestable del desastre mental de la emperatriz en la nota titulada La locura áulica de Carlota, por el sesquicentenario, septiembre de 2016). 


Lo había abandonado su médico de cabecera, Federico Semeleder, en septiembre del mismo 1866, por celos profesionales cuando Semeleder comprobó que el archiduque consultaba a escondidas al doctor Rafael Lucio. Semeleder fue uno de los dos hombres (el otro fue Rodolfo Günner) que Maximiliano propuso a los masones del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para que ingresaran en vez de él a la masonería en diciembre de 1865. Él emperador declinó ingresar a las logias.


En febrero de 1867 lo abandonaron los soldados franceses, su principal, y acaso único, apoyo militar para sostenerse en el trono. Bazaine y el último soldado francés salieron de la capital imperial el 5 de febrero de 1867. Los más notorios imperialistas se habían desplazado a Europa. No tenía hijos, no tenía esposa, no tenía familiares ni directos ni indirectos, no tenía a su médico de confianza. Abandonado por todos y al frente de unos mil quinientos soldados decidió jugarse el todo por el todo en Querétaro hace justamente 150 años. Al amanecer del 13 de febrero de 1867 salió de la ciudad de México. El 19 entró a Querétaro. El 3 de marzo Mariano Escobedo asomó a su ejército sobre la ciudad. El 6 de marzo empezó el sitio.


Miguel López, falsamente acusado de traidor.
Imagen Getty.edu
Más de dos meses después, cuando comenzaba mayo de 1867, la situación se hacía insostenible. Las fuerzas republicanas sitiadoras y las fuerzas imperiales sitiadas mantenían un insospechado equilibrio militar. ¿Qué hacer, cómo romper el equilibrio? La explicación de lo que ocurrió aún se debate en algunos círculos interesados en el tema. Al amanecer del día 15 de mayo, un favorito muy cercano del emperador y de la lejana emperatriz, Miguel López, facilitó la entrada a Querétaro de las tropas republicanas de Escobedo. Un triunfo así no convenía a la república porque significaba un triunfo basado en una (supuesta) traición. ¿Por qué lo hizo López? Interesados en la efeméride, y ahora en el sesquicentenario, siguen discutiendo el motivo.


En un Informe firmado el 8 de julio de 1887, publicado en 1888, y dirigido al presidente Porfirio Díaz, el sitiador republicano Escobedo narró su versión de los hechos. Escribió que la plaza imperialista de Querétaro fue entregada a los republicanos por Maximiliano, y que para ello envió como emisario a Miguel López con instrucciones para decidir en última instancia porque el archiduque ya no quería resistir combatiendo. Después de setenta días de sitio urgía resolver y se decidió por la solución menos sangrienta: la entrega de la plaza. La decisión estuvo enteramente conforme con su carácter.


A las siete de la noche del 14 de mayo López se presentó ante Escobedo con plenos poderes para resolver el empate, dice el Informe. Intentó primero que se permitiera la salida del emperador y algunos cercanos rumbo a Tuxpan o Veracruz para embarcarse. Al negarse Escobedo alegando falta de facultades López dejó claro que, de cualquier forma,  al amanecer del 15 podrían entrar los republicanos a Querétaro y tomar la plaza sin resistencia, cosa que efectivamente ocurrió. Ya con las luz del día 15 Maximiliano entregó su espada y quedó preso para ser juzgado mediante la ley juarista del 25 de enero de 1862.       


Los republicanos y los imperialistas, que no supieron la historia secreta que Escobedo publicó veinte años después, acusaron de inmediato al coronel Miguel López de traición. En un librito fechado el 31 de julio de 1867 (La toma de Querétaro, digitalizado por la UANL), a dos meses de la caída de Querétaro y a un mes del fusilamiento de Maximiliano, López clamaba por su inocencia y negaba un acto de traición, pero no mencionaba la realidad que lastimaría al archiduque fallecido además de que había un pacto con Escobedo para no hablar. La lectura íntegra del Informe de Escobedo permite interpretarlo así (El sitio de Querétaro, Porrúa). Desde nuestro punto de vista, efectivamente no hubo traición: Miguel López sólo hizo lo que el archiduque le indicó, negociar la salida o rendirse a discreción, y eso fue exactamente lo que hizo. Maximiliano vivió un mes más y nunca hizo reproches de ningún tipo al coronel.

Escobedo y López, en lados opuestos del río de la historia, guardaron silencio por veinte años hasta la publicación de la verdad en 1888.

Maximiliano había dado muestras durante sus tres años de gobierno de una gran falta de firmeza, de una enorme falta de determinación y de, en general, una falta de decisión en los grandes momentos de las tantas encrucijadas en las que se encontró desde que algunos mexicanos fueron a buscarlo a Miramar en 1863. El 15 de mayo de 1867, hace 150 años, el segundo imperio mexicano asistió a su desastre final, y no concluyó ni con un desenlace militar ni con una traición. A Escobedo se le fue la oportunidad de tomar la plaza a sangre y fuego, arrebatando cañones y pendones. A Maximiliano se le fue la oportunidad de entregar la plaza dignamente y evitó la salida militar, rompiendo el sitio, que intentaba Miguel Miramón para el amanecer del mismo día 15. Maximiliano se le adelantó.

Concluyó el sitio con una solución propia del Maximiliano que conoció el México de entonces, el México de nuestros abuelos: la medianía, la entrega de la plaza a escondidas, bajo promesa tácita de secreto tanto de Escobedo como de López, sin la gloria del derramamiento de sangre que sus familiares europeos hubiesen preferido para la muerte militar de un Habsburgo.

Una nota publicada en un espacio de la UNAM (ses.unam.mx), recuperando una investigación de Alejandro Canales Sánchez (Campus Milenio, 2007), se afirma que "en México, según la crónica del maestro José Trinidad Vela, un destacado profesor del estado de Aguascalientes delarga trayectoria magisterial y de divulgación -recuperada por el investigador José Gabriel Gutiérrez Pantoja-, la razón de que los diputados propusieron el 15 de mayo fue para conmemorar que ese día, pero de 1867,entró el ejército republicano a la ciudad de Querétaro y se produjo la caída de Maximiliano de Habsburgo". La versión la han recogido varios espacios, uno de ellos AZ, revista de educación y cultura. En 1917, cuando se instauró el festejo magisterial, se cumplían 50 años del triunfo republicano de Juárez.

El día del maestro cada 15 de mayo descansa en la caída del imperio en Querétaro. Pero esa, dijo alguien, esa ya es otra historia.
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domingo, 23 de abril de 2017

Eduardo Mendoza


Eduardo Mendoza

Wenceslao Vargas Márquez

Lo único que nos queda para enseñar moralidad son las novelas de crímenes, escribió Gilbert Keith Chesterton, el indudable maestro de la redacción paradójica, en Cómo escribir relatos policiacos. Chesterton confesaba su vicio de leer novelas detectivescas de folletín con valor de unas pocas monedas. Comparto el vicio de Chesterton por la novela barata de detectives. Son los únicos libros que compro, leo y desecho (sin quemarlos, ni como el Montag de Bradbury, ni como el Carvalho de Vázquez Montalbán ni como en Fantomas, de Julio Cortázar); el resto de los libros que adquiero los conservo.

Eduardo Mendoza con Pomponio Flato. Imagen Wikipedia.
Cuando me he enterado que el español Eduardo Mendoza ha sido galardonado con el premio Cervantes lo primero que me vino a la cabeza fue el muy particular detective que Mendoza creó en una de sus novelas. De él y de ella hablaré al final. Otro autor como Chesterton que ha teorizado sobre el género policiaco es el novelista español Andreu Martín. En España publicó Cómo escribo novela policiaca (Barcelona, 2014) y en ese texto suyo tuvo la gentileza de mencionar mi libro de cuentos publicados bajo el nombre de Uno nunca sabe (Xalapa, 2011) y los describió como 46 “historias crueles, llenas de desamparo, de violencia física y simbólica”. El de Chesterton y el de Andreu Martin son dos de los escasos manuales que conozco para abordar la redacción literaria de lo policiaco y lo detectivesco.


Hay más detectives que teóricos del tema. Los hay clásicos con nombre: Sherlock Holmes, Hércules Poirot, Augusto Dupin. Hay detectives heterodoxos como el que crearon Borges y Bioy Casares en don Isidro Parodi, peluquero que despacha sus casos perfectamente preso en la penitenciaría a donde van a consultarle sus clientes. En México es famoso el detective Héctor Belascoarán Shayne, de Paco Taibo. De Belascoarán han actuado películas Pedro Armendáriz Jr., primero, y Sergio Goyri después. Hay obra mexicana policiaca de parte de Paco Taibo, Elvira Bermúdez, Rafael Ramírez Heredia (Muerte en la carretera, Al calor de Campeche, El rayo Macoy) y Ana María Maqueo, entre otros pocos. Maqueo menciona al SNTE como personaje literario en su novela policiaca ambientada en Veracruz titulada Amelia Palomino, novela en donde Amelia conoce a Adolfo López Mateos en un baile magisterial.

Mi ejemplar de Amelia Palomino.
Otro detective es José Carvalho, del también español Manuel Vázquez Montalbán. La diferencia entre Vázquez Montalbán y Eduardo Mendoza es el humor. Vázquez Montalbán es denso, lento, serio, vale decir, ortodoxo, a la manera de Ellery Queen o Dixon Carr. Por cierto que su detective, Carvalho, enciende su calentador y su estufa con páginas  de libros que ya ha leído (de Carlos Fuentes, de Lorca, de Flaubert, de filosofía, ...)     

Lo más característico de la obra del laureado Eduardo Mendoza es su sentido del humor. Hace parodia hilarante de la novela policiaca y de detectives... pero de una manera muy seria. Mendoza es mezcla, si me permiten el símil, y aceptando que las comparaciones son odiosas, de nuestros Jorge Ibargüengoitia y Marco A. Almazán. No se me ocurren otros. El primer libro suyo que leí fue La verdad sobre el caso Savolta. Algún tiempo después El misterio de la cripta embrujada, cuyo simple título sugiere tantas cosas. Después leí El laberinto de las aceitunas.

Dos de mi ejemplares de Eduardo Mendoza
En esta el detective busca llegar a Barcelona y necesita ubicar los cuatro puntos cardinales, o al menos tres, bromea, porque anda urgido de llegar. Más tarde he leído Aventuras de un tocador de señoras, quizá la novela más hilarante, en la que desde una peluquería en la que trabaja se le implica al detective en un asesinato. La peluquería es unisex pero ante la escasez de clientela atienden a hombres y mujeres; una mujer pide que le pinte de rubio el husky, él acepta muy complacido, sicalíptico, pero rechaza enfadado cuando se aclara que de lo que se trata es de teñir a un perro. No he podido leer Sin noticias de Gurb, donde un extraterrestre toma la apariencia de la cantante Marta Sánchez.

El detective de Eduardo Mendoza, literalmente, no tiene nombre, a como no lo tienen los personajes de Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, cuya mención viene al caso aquí por ese único hecho. Narra el detective en primera persona, y cuando se le pregunta su nombre da el apellido (Sugrañes) del director del manicomio de donde lo sacan para embarcarse a la aventura en curso. El detective anónimo de Eduardo Mendoza comparte un gusto con el detective Beloascoarán de Taibo: les gusta enormemente beber Pepsi-cola; comparte, temporalmente, con el detective Parodi, de Jorge Luis Borges, una profesión: la de peluquero.  

Últimamente tuve en mis manos y leí El asombroso viaje de Pomponio Flato. Aquí Mendoza saca a su detective de Barcelona y los tiempos modernos y lo lleva a Palestina en el principio del siglo I de la era cristiana. Note el lector el nombre del personaje que da título a la novela, Pomponio Flato, y no es difícil que el paródico nombre le recuerde las creaciones de Ibargüengoitia, de Almazán, e incluso del muy actual Catón. Flato, como se sabe, es un viento intestinal, enfermedad de la que adolece el investigador, y que lo pone en aprietos a cada paso. (Entre paréntesis, los flatos son admirados por Montaigne, ensalzados por Bukowski y celebrados por Quevedo; en Mear y cagar, he tocado el tema).

Pomponio viaja a Nazareth acompañando a un representante del gobierno romano. Se entera que han asesinado al rico del pueblo y se acusa a José. El hijo del carpintero José, el niño de nombre Jesús, le pide que ayude a buscar al culpable porque su padre es inocente. Entonces se embarcan el adulto y el niño, a la manera (disculpen) de Kalimán y Solín, en la aventura de hallar al asesino. Jesús hace investigaciones y excursiones detectivescas por su cuenta. En cierto momento Pomponio le dice a Jesús que quiere ser como un padre para él y Jesús contesta que no porque ya tiene un papá real, uno putativo, y que no necesita un tercero. Esta es la manera en la que Mendoza convierte en detective, o en ayudante de detective, al propio Jesucristo niño, y lo hace el detective más extraño con el que me haya topado y es al que me refería al principio de estos párrafos.

Mendoza se merece más el Cervantes que Bob Dylan el Nobel de Literatura. De hecho por encima de Dylan han estado Carlos Fuentes o Doctorow o Philip Roth, que es actualmente, creo, el más probable. De Doctorow (1931-2015) contamos, en lo policiaco y detectivesco, con su novela El arca del agua, que puede hallarse en la red. En ella Martin Pemberton camina por el Broadway de 1871 y ve pasar un carruaje melancólico, saturnino, con pasajeros vestidos de negro. Entre ellos, sorprendentemente, y sobre la marcha del vehículo, alcanza a reconocer  a su padre, el mismo que ha sido muerto y sepultado recientemente y a cuyo entierro Martin ha asistido. ¿Qué misterio negro hay allí?  

En el reciente 20 de abril de 2017, Eduardo Mendoza, nacido en Barcelona en 1943, recibió de manos del rey de España el premio Cervantes que es el premio literario más importante en el idioma español. Qué bueno por la novela policiaca y la novela negra y de detectives; qué bueno por las mezclas que de ellas hace el autor, qué bueno por Mendoza y sus parodias y qué bueno por su excelente sentido del humor.

El ministro de Cultura de España, Íñigo Méndez de Vigo, al entregar el premio Cervantes a Mendoza, dijo que es imposible tomar sus libros demasiado en serio, pero que hay algo más grave: la imprudencia de que haya alguien que pueda tomarlos demasiado en broma.

Twitter @WenceslaoXalapa

domingo, 16 de abril de 2017

Plutarco Elías Calles y el espiritismo

Plutarco Elías Calles y el espiritismo

Wenceslao Vargas Márquez

Si nuestros datos son correctos, López Obrador, de ganar la presidencia de la república en 2018, se convertiría en apenas en el segundo presidente mexicano de prácticas no católicas en nuestra historia. El primero debe ser Plutarco Elías Calles, masón y espiritista, no católico por confesión propia.

Bajo su mandato (1924-28) estalló la guerra cristera a mediados de 1926 y cuya solución se pactaría en 1929. En 1993, un boletín del Supremo Consejo de México (Lucerna 56) decía que había ingresado a la masonería en la logia Helios, de Guaymas, Sonora, sin citar la fecha de ingreso. Como se sabe, Calles fue un poder tras el trono de los presidentes de México desde el asesinato de Obregón en 1928 y hasta abril de 1936 en que Lázaro Cárdenas lo expulsó del país. 

En ese lejano abril, un día antes de ser expulsado, Calles fue entrevistado por José C. Valadés (nota de Martha Beatriz Loyo del Instituto de Investigaciones Históricas de la Unam). Dice Valadés:

“Aprovecho entonces para preguntarle si en su juventud fue católico.
“— No; no he sido católico —contesta secamente, y sonríe a continuación.
“— ¿Ni en su niñez? —interrogo.
“— Ni en mi niñez. —agrega, y sin dejar de sonreír, dice: —Debo decirle que allá, en mi niñez, toqué las campanas de la iglesia de Hermosillo; pero eso se hace por gusto y por travesura. Además, me robaba centavos de las limosnas para comprar golosinas. Y crea usted que ésa ha sido mi única conexión con la religión y con la Iglesia.
Le pregunto si es masón. Se lleva la mano a la cabeza; se hace el cabello para delante y para atrás, y mueve la cabeza en sentido negativo y habla:
“— Fui masón. Sí; fui masón. Pero siempre he sido un rebelde, y me disgustan las ceremonias de la masonería, por eso la abandoné.
“— ¿Después de dejar la presidencia?
“— No, no —contesta rápidamente—. Hace muchos años, era yo muy joven. Pertenecía yo a la logia Humanidad, de la que era venerable el licenciado Peláez; tendría entonces yo unos veintidós años. Desde entonces no he pertenecido a ninguna secta”.

Mi ejemplar de Sefchovich

Sara Sefchovich en su libro La suerte de la consorte afirma que Calles no tuvo matrimonio religioso. Cuando se casó con Natalia Chacón, en 1899, sólo lo hizo por lo civil porque el general era ‘ultralaico, ultrajacobino y anticlerical’. Calles estaría fuera del país el resto del sexenio de Cárdenas y volvería en 1941 cuando empezaba el de Ávila Camacho. 

El exilio, los años y las enfermedades transformaron al comecuras de los años 20 de manera tal que en 1941 se convirtió decididamente al espiritismo. Eran tantas las molestias por sus enfermedades que en febrero de 1928 Calles (presidente) visitó al Niño Fidencio, famoso curandero de Nuevo León. 

En los años 1940 a 1952 diversos políticos mexicanos asistieron al Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas (IMIS) y levantaban actas de cada sesión, actas que en 1960 recopiló en un libro el autor italiano Gutierre Tibón. A esas sesiones asistió el general.

Mi ejemplar de Una ventana, Tibón, 1960

La primera sesión a la que acudió Calles fue la número 18, registrada el 9 de julio de 1941. Entre julio de 1941 y su muerte en octubre de 1945 asistió a 34 sesiones. Murió, pero siguió participando… como espíritu. 

Las actas registran la participación del espíritu de Plutarco Elías Calles a partir del 4 de marzo de 1947 siendo la décima y última el 10 de diciembre del mismo año. En total 44 sesiones espiritistas desde julio de 1941 hasta diciembre de 1947. 

Es famosa la sesión del 20 de agosto de 1942 porque en ella coincidió con Miguel Alemán Valdés y su esposa Beatriz Velasco, además de Ezequiel Padilla. Alemán Valdés era el secretario de Gobernación de Ávila Camacho y fue enseguida presidente de la república. 

De las nueve sesiones a las que asistió Jaime Torres Bodet (bajo el nombre de usuario de Doctor X), coincidió con Calles en siete de ellas.


Dice el acta del 4 de marzo de 1947, primera en que Calles aparece como espíritu pues lleva año y medio fallecido: 

Recibimos enseguida la visita del señor Gral. Calles que se presentó al Lic. Valenzuela y le dio un abrazo muy fuerte que todos oímos, pues las palmadas que daba en su espalda eran estrepitosas. Saludó a todos los presentes que habían sido sus amigos y tomando luego la bocina habló con voz fuerte y clara (…) Su voz era igual a la que tuvo en vida”. 

La segunda sesión en que apareció como espíritu fue la del 20 de mayo de 1947 en la quinta Santa Inés, en Tlalpan. Dice el acta: “Después de un breve intervalo tuvimos la anunciada presencia, con gran luz, del Gral. Calles. Mostró su cuerpo y su cara (…)”. En la tercera “se materializó con gran luz”.

En ninguna de las diez sesiones a las que asistió espiritualmente (ni en las 34 a las que asistió vivo) hizo ningún tipo de revelación política de las tantas que pudieron haber servido para para desentrañar algunos de los misterios de nuestra historia. A algunas sesiones asistieron notarios para dar fe de los hechos.

Mi ejemplar de Madero y el espiritismo, 1973

Madero fue espiritista. Para el gran público (y aún para historiadores) el tema fue expuesto por primera vez (que yo sepa) en un librito titulado Madero y el espiritismo de la famosa Colección Duda, de Editorial Posada. Mi maltratado ejemplar es de 1973. 

Enrique Krauze, en su libro Madero, místico de la libertad, se da una explicación de ese espiritismo: “Sobre lo verdadero o falso de la aparición de este y otros espíritus a Madero, el historiador —escéptico, en principio— no puede pronunciarse, pero tampoco necesita hacerlo. Si las revelaciones lo eran en realidad o expresaban, más bien, una proyección inconsciente del poseído, el resultado es convergente: se trata del andamiaje de creencias que Madero desarrolló sobre sí mismo y que normó su vida, independientemente de su origen astral o psicológico”.

Una explicación similar podemos darnos respecto de lo que veían (o creían ver oír y tocar) Plutarco Elías Calles y los políticos espiritistas en sus sesiones de los años 40 y 50 de nuestro siglo XX mexicano.

Del libro La masonería en la presidencia de México disponible en Amazon
@WenceslaoXalapa



domingo, 2 de abril de 2017

Torres Bodet y el espiritismo

Torres Bodet y el espiritismo
Wenceslao Vargas Márquez

Jaime Torres Bodet fue dos veces secretario de Educación Pública, Director General de la Unesco, fundador del SNTE en diciembre de 1943 por órdenes de Manuel Ávila Camacho para lo cual el presidente lo invitó el 21 de diciembre y ocupó la oficina de la SEP el día 24, justo para inaugurar el congreso de unificación del magisterio. Se suicidó, pegándose un balazo en la sien, el 13 de mayo de 1974. Tenía 72 años de edad.

Poeta, escribía y hablaba francés (su madre era de ascendencia francesa). Se sabe que en los años 1942 y 1943 asistió a las sesiones espiritistas organizadas por el IMIS, Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas, a la que asistía de manera estelar el ex presidente Calles y una larga lista de políticos de la época, incluido Miguel Alemán Valdés y su esposa Beatriz.

Las actas de esas sesiones espiritistas fueron publicadas en un libro por el antropólogo, filólogo, inventor italiano, radicado en México, Gutierre Tibón (1905-1999), en el año 1960, libro que, curiosamente, nunca menciona a Torres Bodet. Se titula Una ventana al mundo invisible

Cada acta espiritista tiene el nombre de los participantes de esa noche. Además, Gutierre Tibón, publicó al principio del libro una lista alfabética de la mayoría de los participantes. La lista salta de Torreblanca a Ugarte sin mencionar a Torres Bodet. Si no aparece en el libro, ¿por qué algunos autores lo consideran espiritista y asistente a las sesiones? Trataré de dar aquí una explicación:

Mi ejemplar de Una ventana (izq.)  y su camisa (der.) - 1960.

Las actas de los días 25 junio, 3 de septiembre, 29 de octubre, 5 y 12 de noviembre de 1942, y además las del 27 de mayo, 10 de junio, 17 de junio y 19 de agosto de 1943, mencionan a un misterioso Doctor X como participante y firmante de las actas que, incluso facsimilarmente, recogió Gutierre Tibón en su libro. 

Veo nítidos los nombre y firmas de espiritistas como Félix F. Palavicini (periodista tabasqueño, constituyente de Querétaro en 1917), Antonio Médiz Bolio, Ramón Beteta (de Hacienda), Plutarco Elías Calles, Javier Icaza (escritor), Gonzalo Gual Vidal (hermano del titular de la SEP), Luis N. Morones (sindicalista, íntimo seguidor de Calles con quien había vuelto del exilio en 1941), y un largo etcétera de personajes.

El acta del 27 de mayo de 1943 consigna que el médium fue Luis Martínez. La sesión comenzó a las 21:25 y la cadena estuvo formada por 19 personas. Fueron ellas: Plutarco Elías Calles, Ezequiel Padilla, Guadalupe C. de Padilla, el Doctor X, y otras 15 personas. Aquí encuentro una pista para sostener que el anónimo Doctor X era Jaime Torres Bodet. Transcribo una parte del acta aclarando que Amajur es un espíritu:

En esta sesión había como novedad, entre el mobiliario, un tambor reglamentario del ejército, que fue colocado en el piso dentro del círculo. Juguetes, flores y demás como de costumbre (…) Vino el maestro Amajur, llamando la atención que hubiera dirigido sus pasos hacia donde estaba la señora Jovita, y más aún que comenzara por tocarle sus oídos. Según expresó después la citada persona, venía sufriendo alguna afección auricular, cosa que no había platicado a los concurrentes. Fue asimismo con el señor Bernardo Bandala, frente a quien se agachó tomándole un pie para pasar insistentemente su mano por el tobillo y aún más arriba (…) Se acercó al médium y lo iluminó como dándole pases, en forma tal que el señor Álvarez, su señora y el Gral. Calles vieron al médium recibiendo la luz del Maestro. No faltó su acostumbrada y bondadosa actitud frente a todos y cada uno de los presentes, exceptuando al Dr. X, a quien presumimos no se haya acercado por considerar que le afectaba, debido a la muy dolorosa prueba que acababa de sufrir con la reciente pérdida de su respetable madre”.

Tenemos pues que, según el acta, el misterioso Dr. X perdió a su madre “recientemente” y estamos en mayo de 1943. Lo que sigue es hallar la muerte de la madre de Torres Bodet en el año de 1943 para tener con un alto grado de certidumbre identificado al Doctor X por la coincidencia en las fechas. 

En la red, Claire Bourely, se presenta como traductora al francés de Ventana a un mundo invisible (Fenetre sur un monde invisible, 1994) y dice que el Doctor X es Torres Bodet pero no dice en qué basa su afirmación: “Aujourd'hui, je peux vous confier que le docteur X, qui avait assisté à neuf séances importantes est le docteur Jaime Torres Bodet, l'un des plus brillants intellectuels  que Mexico a formé en ce siècle”. Otros autores también mencionan a Torres Bodet como espiritista pero no explican cómo lo fue si no aparece en las actas.

Yo creo aquí que el dato de Bourely lo podemos sostener si sabemos al menos el año de la muerte de la madre de Torres Bodet, Emilia Bodet Levallois. Para ello hay que sumergirse en sus Memorias, de las cuales tengo un ejemplar en dos volúmenes bajo la firma editorial de Porrúa. El segundo tomo contiene 750 páginas. El primer tomo, en 722 páginas, contiene Tiempo de Arena, Años contra el tiempo y La victoria sin alas

En Años contra el tiempo el capítulo IV se titula Una escalera para el pueblo, aludiendo a la educación, y narra el autor su actividad del día 31 de diciembre de 1943, una vez que ha cortado el listón fundacional del SNTE y se dedica a sostenerlo unido bajo las indicaciones presidenciales de Ávila Camacho. Pronto, el primer secretario general nacional del SNTE, Luis Chávez, renunciaría a pesar de esos esfuerzos, pero esa es historia aparte. 

Mis 'Memorias', de Torres Bodet, en dos tomos.

Dice Torres Bodet en la página 247 que, siendo la noche de San Silvestre, de 1943 se merecía derecho al menos a una hora de soledad. Escribe que se dirigió al Panteón Civil de Dolores. Añade: “Llegué a la tumba –modesta y blanca- hasta cuyo sitio, con veinte años de diferencia, seguí los féretros de mi padre, en 1923, y de mi madre, en 1943”. La madre murió en 1943, falta saber el mes.

Nunca se nos pudo haber ocurrido que Jaime Torres Bodet hubiese estado en sesiones espiritistas en mayo, junio y agosto de 1943, alrededor de una mesa redonda y una tabla ouija, y en diciembre ocupara la titularidad de la SEP. Seguro la SEP y el SNTE le quitaron todo su tiempo libre porque para después de agosto de 1943 no hay datos de que hubiese vuelto a participar.  O quizá haya sido un pretexto porque, por ejemplo, Plutarco Elías Calles murió en octubre de 1945, pero siguió asistiendo, sin excusas. Nunca dejó de ir bajo el pretexto fútil de que ya estaba muerto. El lector de estos párrafos, que es un lector inteligente y agudo, no se equivocará al sospechar la manera en que mi general siguió participando.


TEXTO COMPLETO EN MI LIBRO

LA MASONERÍA EN LA PRESIDENCIA DE MÉXICO 


viernes, 31 de marzo de 2017

Miguel Alemán Valdés y el espiritismo


MIGUEL ALEMÁN VALDÉS Y EL ESPIRITISMO

Wenceslao Vargas Márquez


Es sabido por distintas fuentes de cómo no pocos políticos recurren a medios no ortodoxos para protegerse de enemigos o afirmar su futuro (a veces, negar su pasado, cuando los persigue el sucesor). El tema no es nuevo.


En México son escasas las fuentes para documentarse respecto de estas heterodoxas actividades. Uno que otro libro ha sido publicado al respecto en los tiempos modernos. Respecto del pasado siglo XX, una fuente de primera mano respecto del espiritismo es el libro titulado ‘Una ventana al mundo invisible, protocolos del IMIS’, publicado en México en 1960 bajo el sello de Editorial Antorcha y con prólogo de Gutierre Tibón. Me entero de una edición de 1994 en francés debida a Claire Bourely.


Mi ejemplar de Una ventana, con su camisa en azul y negro y la fotografía de Amajur. 
Otra investigadora interesada en el tema es Catherine Mansfield Mayo. La doctora Mayo, además de valer por sí misma, es la esposa de Agustín Carstens Carstens, gobernador del Banco de México. Tuvo la gentileza de obsequiarme en 2015 dos ejemplares de su libro Odisea metafísica hacia la revolución mexicana, libro dedicado al espiritismo en Francisco I. Madero. Le agradezco de nuevo el doble obsequio. Su trabajo respecto de Tibón y el IMIS puede verse en http://bit.ly/2nocvoQ    

Algunos investigadores del tema han referido el libro prologado por Tibón. José Gil Olmos en su libro Los brujos del poder; la revista Nexos abordó el tema en 2012 bajo la firma de Héctor de Mauleón. De Mauleón halló un ejemplar de Una ventana en una librería de viejo en Donceles de la Ciudad de México. En mi caso, mi ejemplar físico lo hallé en la red con el precio de dos mil pesos. Al final lo obtuve (felizmente) en mil, y lo leí, lo revisé con el más cuidadoso detalle.


Ahora vayamos a la única sesión espiritista que, recogida por Tibón, menciona a Miguel Alemán Valdés. Puntualicemos que IMIS significa Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas, y alude a un instituto o centro de investigaciones fundado el 19 de agosto de 1944, mismo que tuvo su antecedente en el Círculo de Investigaciones Metasíquicas de México, fundado en 1939 por Rafael Álvarez y Álvarez. El IMIS, apoyado en la American Society for Psychical Research, de Nueva York, trabajó de 1940 a 1952 y sus actas, levantadas bajo notario, fueron compiladas y publicadas por Gutierre Tibón en el libro ya mencionado. El acta aparece en la página 150 de Una ventana al mundo invisible:


Sesión del 20 de agosto de 1942. Médium: Luis Martínez. Una sola cadena. 23 personas. Plutarco Elías Calles, Fernando Ocaranza, Ezequiel Padilla, Miguel Alemán, Sra. Beatriz Velasco de Alemán (…)

“La sesión dio principio a las 21 horas. Después de un rato cuya duración no es fácil de estimar, por permanecer todos con el espíritu alerta y en medio de la obscuridad, apareció una luz blanquecina de intensidad escasa, la que poco a poco fue aclarándose más y más, hasta hacerse perfectamente visible; tenía forma globosa con los contornos difusos. La impresión que dejaba por la persistencia de la impresión luminosa en la retina, era como la de un núcleo luminoso seguido de una cauda cuya extremidad se perdía insensiblemente; describía movimientos variables pero con tendencia a formar arcos de círculo. Aparecieron en seguida otras luces, dos de ellas moviéndose en conjunto, que parecieron cuatro, a una parte de los que formaban la cadena, y seis a otros. Algunas luces tendían a crecer excéntricamente, y en tal caso su núcleo central se atenuaba hasta adquirir luminosidad uniforme. Algunas de dichas luces pasaban repetidas veces frente al médium; otras se acercaban a los formadores de la cadena, y en ese momento algunos de los presentes avisaron que se les tocaba en distintas partes del cuerpo...

<<<<<RESTO DEL ACTA EN MI LIBRO...>>>>> 

Alemán Valdés en 1942, cuando asistió a las sesiones espiritistas, era el secretario de Gobernación de Ávila Camacho. A partir de 1946 fue presidente. Fue además, masón. Lo hemos documentado en mi libro La masonería en la presidencia de México (Xalapa, 2010), del que a mi vez obsequié un ejemplar a la doctora Mayo. 

Lorenzo Frau Abrines asienta en su Diccionario Enciclopédico de la Masonería (IV, p. 445) que Miguel Alemán Valdés fue un masón prominente. Añade Frau (I, p.68) que Alemán ingresó a la masonería a través de la logia Antíquitas No. 9 de la ciudad de México el 20 de octubre de 1930. En 1945 recibió el grado 33 del Rito Escocés justamente cuando se sabe que Alemán triunfará en las elecciones presidenciales del año siguiente.


Escribió Héctor de Mauleón en Nexos en 2012 respecto del ejemplar suyo de Una ventana: “La solapa explica que el volumen contiene una fotografía lograda en junio de 1943, que muestra al maestro Amajur empuñando una flor”. Es difícil no recordar a Jorge Luis Borges y a la flor de Coleridge. La fotografía, que mi ejemplar sí tiene, fue tomada por Luis Márquez Romay, en la sesión del 17 de junio de 1943. El acta de esa sesión aparece en la página 190 del libro.  

Añade De Mauleón: Por desgracia la fotografía fue arrancada. En mi ejemplar queda, sin embargo, el fantasma de alguien que escribió en la primera página el nombre de una mujer, y anotó un teléfono y una dirección en Los Cerritos, California”. 

Concluye: “No me he atrevido a llamar”.

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Más detalles en mi libro
La masonería en la presidencia de México
Disponible en Amazon



domingo, 5 de marzo de 2017

Carlos Méndez Alcalde, masón xalapeño

CARLOS MÉNDEZ ALCALDE, MASÓN XALAPEÑO
Wenceslao Vargas Márquez

En junio la masonería moderna cumplirá tres siglos de fundada. Dio sus primeros pasos en junio de 1717 en Londres al fundarse cuatro logias que fueron la matriz de la masonería moderna en todo el mundo.

Su perfil institucional tuvo variantes según el país y el continente donde ha actuado. En Europa tuvo un cariz más reflexivo, en los Estados Unidos un perfil mayormente de beneficencia. En Latinoamérica su perfil más notorio fue el político. En México el siglo XIX estuvo lleno de actividades masónicas privadas que eran la matriz de las actividades públicas de los políticos.

A pesar de haber sido guía de muchas de las decisiones nacionales, ha sido poco estudiada. Sólo en años recientes algunas universidades y algunos pocos estudiosos le han empezado a dar la importancia histórica que tiene. Hoy las logias y la masonería vive de glorias pasadas, profundamente dividida. La historia de la masonería en el estado de Veracruz y Xalapa tiene cosas que explicar y que han estado hasta ahora escondidas.

¿Cómo fue posible la unión de un político revolucionario como el gobernador (1924-27) veracruzano Heriberto Jara Corona y un escritor como Manuel Maples Arce, creador de la corriente literaria mundial denominada estridentismo? 

Ahora sabemos que el impulso que ambos le dieron al movimiento en 1926 se debió a que en enero de ese año Jara nombró a Maples Secretario General de Gobierno, que en junio Jara ingresó a la logia Fraternidad No. 11 de Xalapa y que en julio Maples hizo lo propio. En ese mismo año arrancó la publicación de la revista emblema del movimiento: Horizonte. La doctora Elissa Rashkin, investigadora de la Universidad de Iowa y de la UV seguramente tendrá aquí muchas respuestas a preguntas de investigación que se ha hecho. El estridentismo sigue vigente en lo internacional, en el teatro universitario (Estridentópolis, en La Caja, Xalapa) y como columna vertebral de la novela Los detectives salvajes, del chileno Roberto Bolaño.   

Hoy revisaremos una microhistoria de la masonería veracruzana en la persona de Carlos Méndez Alcalde. Nació en 1877 en Xalapa y murió en 1947. Sus padres fueron Manuel Ausencio Méndez y Aurelia Alcalde, descendiente de Ambrosio Alcalde. (Sigo aquí a Francisco Illescas y a Juan Bartolo Hernández). En 1908 se graduó de ingeniero. En 1917 fue diputado constituyente (local) por Paso del Macho. Fue secretario general de gobierno bajo Adalberto Tejeda en 1920-23. En 1923 fue designado gerente de la compañía Luz y Fuerza y Transportes, propiedad de norteamericanos.

En 1926 elaboró un proyecto para introducir agua desde el Pixquiac. A partir de 1928 fue docente en la Normal y en la escuela preparatoria impartiendo álgebra, geometría y cálculo infinitesimal. En 1967, siendo gobernador Rafael Murillo Vidal y presidente municipal Othoniel Rodríguez Bazarte se dispuso que la calle de la Rosa de la colonia Salud llevara su nombre como Ingeniero Carlos Méndez Alcalde en el código postal 91050. Hay también al menos una escuela primaria con su nombre.


Tesis UV
Hemos podido hallar su actividad masónica en las más de un millar de páginas (1272 páginas) que contienen la tesis titulada Catalogación del archivo de la Gran Logia Unida Mexicana 1900-1930, que para obtener el título de licenciada en historia presentó Érika Guerrero González en la Universidad Veracruzana en el año 2014, bajo la dirección de Julieta Arcos Chigo. 

En la catalogación Méndez Alcalde aparece tres veces. En primer lugar (p. 268) en Carta de la logia Concordia No. 5 dirigida a la Gran Logia Unida de México, con plancha número 85, se adjunta copia certificada de la resolución dictada por la Comisión de Justicia en el expediente por la acusación de la logia Pleno Día No. 16 en contra de los hermanos Carlos Méndez Alcalde y Amador Zafra por el delito de traición el 15 de febrero de 1921 firmando el maestro Azuara y secretario Humberto Tamborell. 

Después (p.275), en carta a la logia Concordia No. 5, se informa con plancha No. 34 de haber recibido el expedientillo (sic) de la acusación de la logia Pleno Día No. 16 contra los hermanos Carlos Méndez Alcalde y Amador Zafra al que se agrega el desistimiento de la Logia acusadora. Se hace desde el oriente de Jalapa, Ver., con fecha 10 de junio de 1921. No tenemos más datos del motivo del conflicto que originó la queja de la logia y cuál fue la causa de que la propia logia se desistiera. No dudamos desde estos renglones el que la favorable situación política de Méndez haya propiciado una solución rápida al conflicto.

En otro momento (p. 345) hay una carta de la Logia  Unida Mexicana de Libres y Aceptados Masones, al hermano Carlos Méndez Alcalde: “la presente es en vuestra ayuda junto con  Dr. Capistro y Cáceres y la Alta Cámara para evitar la clausura de la Escuela Secundaria para varones”. Se firma en el oriente de Jalapa el 30 de noviembre de 1921 por el maestro R. B. Márquez y el secretario M. Hernández. Los tres documentos hallados son del año 1921 cuando Méndez Alcalde tiene 44 años de edad y es colaborador de Adalberto Tejeda en la secretaría general de gobierno.

Quizá este trabajo de tesis de la Universidad Veracruzana sea desconocido para los masones de las logias y grandes logias de Xalapa y puerto de Veracruz. Contribuir a la desconocida historia de las logias no requiere de grandes conocimientos ni de grandes nombres nacionales o internacionales. Hay microhistorias de interés local y regional que merecen salir a la luz para oxigenar el ambiente enrarecido por el encierro en cuatro paredes, con más razón cuando se acerca a paso rápido la celebración masónica del tricentenario.

Twitter @Logiasymasones


domingo, 26 de febrero de 2017

Del libro Cinta de Moebius - Un viaje que nos tenga encadenados






En España, el autor Andreu Martín tuvo la gentileza de mencionar mi libro de cuentos Uno nunca sabe (2011), en el suyo, titulado Cómo escribo novela policíaca, en una lista de autores de diversos países que escribimos sobre la violencia (la violencia del Estado, la violencia en el amor, la violencia en la literatura). Andreu Martín anotó en Cómo escribo novela policíaca. Guía del escritor (Barcelona, 2015): "La obra (de Wenceslao Vargas Márquez) consta de 46 cuentos breves, donde el autor nos ofrece historias crueles, llenas de desamparo, de violencia física y simbólica". De esos cuentos violentos aquí transcribo uno:     

***

Un viaje que nos tenga encadenados

 

Miro a lo lejos la autopista entera, 

miro la curva que me espera.

Examino tres cuestas consecutivas 

que abarcan un par de kilómetros.

Estacionado, desde lo más alto de la colina,

pienso acelerar a fondo para descender

violentamente a 180 o 190 kilómetros por hora.

Lo que quiero es chocar contra algo:

contra un abismo o contra ti.

Pruebo el acelerador mientras pienso que has sido muy clara:

–‘Ya nunca, nunca más quiero que te atravieses en mi vida’.

Apoyo mi mano sobre la palanca de velocidades

Pruebo el acelerador mientras pienso que sólo hay una forma 

de encadenarte a mí y tenerte en mis brazos.

Rápido, hago el cambio a primera.

 

Es lunes. Me gustaría saber dónde estás y qué haces. Me gustaría saber si realmente estás sola. A cada rato dices que no sabes si podré verte cada semana y eso me desespera. Yo me conformo con un pedazo de ti que de por sí eres muy chica, como enana. Así que un pedazo tuyo será como la octava parte de una pizza infantil de champiñones. Me conformo con que viajemos una vez más a alguna parte como cuando viajábamos y tú ibas conmigo, como una nena encantada, vigilando el funcionamiento del coche. ¿Lo recuerdas? ¿Te das cuenta que la vida acaba para ti y para mí desde ahora? Por eso quisiera efectuar de nuevo el descenso del río, efectuar ese viaje que nos tendrá encadenados por tres horas, uno al otro, tomados de la mano o abrazados, riéndonos mientras nos moja el agua del río, riéndonos mientras se van las horas, riéndonos mientras se va nuestra vida de pareja para siempre, como se va desencadenada el agua del río rumbo al mar, riéndonos mientras se escapa lo único que no podemos encadenar que es nuestra vida juntos. Yo te invité a viajar por el río descendiendo rumbo al pueblo en una lancha. Dijiste que sabrías hasta la noche si terminabas la tarea pendiente del descarnado aparato respiratorio con el rostro de Luis Miguel tomado de la portada de un disco y que entonces me hablarías para confirmar. No llamaste. Pero  de cualquier forma yo fui por ti, me aparecí en tu casa emocionado y tú te sorprendiste porque mis visitas a tu casa se habían acabado sin remedio y nos largamos a buscar la lancha inflable. El viaje al río estuvo excelente. Un viaje en el que recorrimos el río perfectamente mojados. Tardamos tres horas en el recorrido. Al final fuimos a comer al recodo desde donde miramos aquellos muchachos viajar a bordo de unas llantas enormes. Tú comiste, como siempre, cinco truchas, porque eres una piraña por el tamaño físico que tienes y por tus dientes. Una señora muy atenta las pesca en un estanque mientras tú, que eres una nena muy curiosa, observas la operación y rodeas mi cuerpo con tus miles de brazos y me besas, me besas diciéndome que nunca me vas a dejar solo. También, como siempre que terminas tu comida, volteas a los lados para revisar lo que comen otras personas en las mesas vecinas porque eres insaciable y por eso estás engordando. Las señoras y los niños que comen tranquilamente su sopa de mariscos se extrañan cubriendo con sus brazos sus respectivos platos, por precaución, mientras imploran ayuda a los meseros señalándote discretamente con los ojos. Los meseros no alcanzan a entender que tú eres la cosa señalada, no alcanzan a comprender que las señoras y los nenes te señalan por peligrosa porque castañeas los dientes mientras los ojos te brillan examinando de lejos los platos de sopa. Tu costumbre es mirar a todos golpeando los dientes entre sí para dar a entender que te quedó hambre. Tu costumbre es mirar a los nenes ajenos como con una revoltura de nostalgia y conformidad. Como recordando al nene que jamás fue. Al nene que ahuyentamos con espinas, al que pudimos entregarle todo y le negamos todo. Aquél que condujimos, hace meses, hacia una mesa llena de cuchillos, y dejamos allí mientras la vida se nos iba a ti y a mí y a él, al hijo aquél que analizamos a la luz de la luna para mirarle los lunares cuadriculados, negros y blancos, que alguna vez dijimos, ¿lo recuerdas? Es el hijo que hincamos de frente a los cristales a contemplar juntos, los tres, la lluvia, aquel que desencadenamos en el bosque: un Hansel pequeñito, una Gretel minúscula que giraba su cuello de nena agonizante, para buscarte a sus espaldas, para vernos desde el espejo, para vernos desde los últimos árboles, para mirarnos desde la mesa llena de cuchillos. Tu costumbre es mirar a los nenes ajenos como con una revoltura de nostalgia y conformidad. Como recordando al nene que jamás fue. El que soltamos de la mano todo picado de avispas, el que no pudo escapar de las víboras, el que no pudo huir de aquel disparo. No sé si lo recuerdas pero era el que en el fondo de tu vientre daba pasos de toro presintiendo. Fue el que concebimos bajo el farol solitario de una habitación oscura y que desencadenamos de nosotros para que nada nos atara. Yo le mirabas los pies, tú contemplabas sus manos, él nos miraba con ojos sollozantes. Tú lo ponías de espaldas, le mirabas el pecho, le tocabas las uñas, le contabas los labios para saber si nos vibraba entonces, a ti y a mí, el corazón apolillado. Aquel hijo inconcluso me asesina: me asalta a media noche, me sigue a todas partes con un pan en la mano, y una rama con una espina roja. Mientras sigues pensando en el niño que se desencadenó de nuestras manos, los meseros se preocupan, pero en vano, pues no eres realmente de peligro a pesar de que tus nuevos lentes te dan un aspecto como el de Aníbal Lecter. Me levanto con discreción para decirle al gerente que eres muy pequeña y chasqueas los dientes como con hambre o rabia pero que no eres peligrosa. Si te levantas a mirar el río desde el balcón, con la preciosa falda amarilla que deja adivinar tus formas, las señoras cubren a sus bebés temiendo lo peor, con más miedo que si acercara un tigre. Te hacen ver como diabólica los lentes azules de Batman que te obligarán a vestir sólo de azul para siempre porque no combinan con ningún otro color, pero fue tu gusto de nena caprichosa. Es que eres mi adorada piraña bebé, mi amada piraña de lentes azules que quise tener para siempre en la pecera que ahora yace rota. Ya no podremos revivir este amor que sólo deja dolorosos recuerdos. Qué curioso: no deja cartas que romper, no hay fotografías ni discos que devolver. Deja sólo recuerdos amargos y un muy breve inventario de regalos: dos lapiceros rojos, una corbata, media cama (eso dices), un teléfono móvil, unos lentes azules, un cuadro con un ramo de girasoles derramándose. No hay ni siquiera una canción distintiva a pesar de que te lo pedí tantas veces.

 

Rápido, hago el cambio a segunda. A 80 kilómetros por hora, 

lo que quiero es chocar, acelerar a fondo sobre la autopista 

y chocar contra un árbol o contra ti, 

ahora que ya no estás conmigo. 

Lo que quiero es correr sobre esta carretera 

que es un río y chocar contra algo, contra una curva, 

al final de ese violento viaje que quiero que nos tenga encadenados.

 

Ahora te pienso mientras viajo violentamente a bordo del coche que acelera como escribiendo los últimos renglones de mi vida en una última carta. La carta escrita en el río, la carta escrita en un viaje que nos tuvo encadenados uno al otro sobre el río: ¿No extrañas los jalones de cabellos, los pleitos, los golpes en la nariz, la sangre, los gritos para que te quedaras callada cuando peleábamos? ¿Recuerdas los reencuentros y los sollozos en que jurábamos que ya no habría pleitos nunca más? ¿Recuerdas cuando, peleados, te invitaba amistosamente a que descendieras de la unidad como si fuese yo un policía? ¿Recuerdas las amorosas reconciliaciones, los apasionados reencuentros después de dos o tres días de pleito?, ¿recuerdas la vez que te puse las calcetas porque hacía mucho frío mientras te extrañabas que te tratara con tanto cariño? Debes recordar que lo dijiste a la mitad de la habitación:


– ¿Por qué hasta ahora que todo va a acabar entre nosotros me pones cariñosamente las calcetas? ¿Por qué hasta ahora me ayudas a vestirme? 


Me  lo dijiste a la mitad de la habitación, a la mitad de la cama  pública donde tu corazón se partía en dos, se repartía, un poco para ti y un poco para mí, como la pizza. Se nos desgajaba tu corazón sobre la cama, sobre la carretera en la que me besabas, en medio del bosque oscuro donde alguna vez hicimos el amor y donde alguna vez fuimos a extraviar a Hansel y Gretel. Para ti y para mí se nos desgajaba tu corazón de nena bella, a bordo del auto estacionado, barriéndonos las luces de otros coches, pintando de amarillo nuestros cuerpos después de cada ruido tras las curva. Yo vigilaba a lo lejos las rápidas luces rojas y tú estabas excitada y húmeda, sobre tus manos y sobre tus rodillas, sobre el deseo animal que nos ahogaba mientras adelantabas tu rostro sudoroso a los cristales empañados, y yo te miraba desde atrás y desde muy adentro de ti con ninguna otra mirada que la tuya. Después tú te ovillabas muda sobre mi pecho sabiendo que cabes en mis brazos o con temblor de amorosa pasión me cabalgabas enseguida hasta delirar y gritar y morder diciendo siempre al terminar, con ojeras y con la piel fría, que todos los orgasmos son horribles. Me llamabas por teléfono, seguías mis olores en los parques, me propagabas mariposas, me enviabas dinosaurios por teléfono cuando yo no aparecía. Para ti y para mí se nos desgajaba tu corazón de nena buena, debajo de unos puentes, en la orilla de algunas autopistas como ésta sobre la que estoy empezando a acelerar a bordo de mi coche. En la oscura complicidad de tu casa abandonada. En la oscuridad cómplice de cierto cine, oscuridad en la que comprobé tantas veces, urgidos, en la última fila, como explotaba derramándose la líquida velocidad de tu mano derecha. Abandonada como tu cuerpo abandonado en el sofá de tu sala para que yo entrara en él. Como cuando sobre el sofá yo te veía caer en el blando algodón que es el olvido momentáneo durante el cual pedías que yo actuara despacio, en el que esperabas de bruces, deseosa, la embestida, el empuje de mi más duro deseo. Yo sé que no es fácil para ti separarnos aunque quieras hacerte indiferente. Ahora viajas en otro coche, ahora miras otros ojos, ahora vas por las calles apoyada en otro hombro, tocada por otra mano, ahora te ríes de otras bromas, ahora has hecho otro prisionero de guerra y lo guardas ilusionada bajo tu techo, ahora escondes ilusionada a otro visitante nocturno. Sé que cuando suena la puerta de tu casa porque ya es de noche y llega el nuevo visitante, tú escuchas los golpes desde la cocina o desde tu recámara, la odiada perrita se inquieta y tú dejas de hacer tus quehaceres, dejas de hacer la comida, dejas de ver la televisión, dejas de acomodar las revistas de siempre, te pones tu bata azul y tus sandalias y empiezas a caminar los pocos pasos que te separan de la puerta, empiezas a recorrer la distancia que te separa del hombre que ya está en tu portal, separado de ti por la puerta metálica, comienzas a contar los pocos pasos que te separan del hombre que toca tu puerta y que ha llegado en un coche que suena diferente, un hombre al que absolutamente no le importas, tú misma me lo dices, un hombre que no tiene reloj y llega tarde a todas partes. Yo te lo pedí siempre al temer perderte cuando sintieras de cerca una ilusión distinta a la ilusión que yo desperté en ti, siempre te lo pedí:


–No saludes a extraños.


Golpéame si no es cierto: ¿No te lo dije, no te pedí que no saludaras a nadie que para ti fuese un extraño? Te lo dije porque con esa advertencia quería protegerte, defenderte de todos y defenderte del nuevo visitante nocturno que ahora debe estar tocando con insistencia tu puerta. En el fondo ruegas que sea yo el que acaba de llegar, ruegas para que por un momento siquiera sea mi figura la que se recorte de pie sobre la banqueta, quieres que sea yo el visitante pero tú sabes que ya nunca será igual, ya sabes que ya no habrá las bromas que tantos años nos unieron, la intimidad que nos cobijó tantos años: el visitante no soy yo y estoy seguro que eso es para ti un desencanto. Sé que mientras caminas esos pocos pasos que te separan de la puerta te gustaría que fuese yo el que se aparece y te dé un beso y te levante girando por los aires como antes. Te gustaría que sea yo besándote y peleando contigo a causa de la perrita espantosa que se acerca a mí husmeando y mordisqueando mis tobillos, y que aborrezco porque ladra en el momento menos oportuno. Contesta por favor, golpea con tus respuestas:


-Nena, ¿verdad que el suyo es otro aliento, verdad que es otra la textura de labios, verdad que es diferente la boca, verdad que es un brazo distinto, verdad que es otra la risa que inunda tu casa? ¿No es cierto que son otros los pasos sobre la banqueta, no es cierto que son otros los besos, no es cierto que es otra la manera de llamar a tu puerta? ¿No es otra la camisa, la forma de acariciar, de reír, de bromear, de estar solos? ¿Verdad que no te dice ‘nena linda, preciosa y encantadora’?


Responde por favor, te lo ruego: golpéame.


-¿Verdad que su cuerpo pesa lo mismo que el mío pero de una manera muy distinta?


Dímelo, dímelo, dímelo, a como me dijiste al separarnos:  


–Te voy a extrañar, me voy a sentir sola.


Pero parece, al cabo de pocos días, que estás ya acostumbrada a vivir  sin mí, como si nuestro violento amor de tantos años, lleno de uñas y dientes y saliva y cabellos y pleitos y besos, se hubiese acabado para siempre. Lastímame, y enseguida moja tus pies en mi sangre respondiendo:


-¿Realmente se acabó todo?


Dime que no, ayúdame en este golpe. Soy tu muerto, te lo ruego, levántame. Háblame para decirme:


–Te amo.


Llámame, por favor, para decirme al oído una broma que es nuestra:


–Quiero verte la cara.


Te lo ruego, háblame por favor para decirme:


–Eres tú quien me importa.


Te sueño. Despierto te sueño más. Háblame para que de nuevo descienda yo en ti, para que de nuevo penetre yo en ti como siempre, como si no hubiese pasado nada, para que de nuevo te abandones y te entregues a mí con la pasión con que me dabas todo. Háblame para que de nuevo pueda yo comerme tus senos llenos de leche y miel, tu piel llena de aceite. Háblame para beberme tu saliva llena de vino. Háblame para que pueda yo comerme tus piernas absolutamente abiertas y devorar, durante un mes, por favor, sólo durante otro mes, tus entrañas más íntimas llenas todas de sal, para que de nuevo yo me llene de tu sangre y tus huesos y tu olor y tus vellos, para que como hace cinco años empecemos de nuevo el juego de esta pasión imbécil que no se apaga nunca, para que de nuevo empecemos a hacer el amor como la nena principiante que eras hace cinco años; el amor que hoy sólo podemos manejar con guantes porque se ha convertido en dos rencores filosos que se desplazan. A pesar de que decides acabar con todo, siento por un momento que te esfuerzas por tender un último puente inútil entre nosotros dos cuando te interrogo por qué llegaste a las diez de la mañana si habíamos quedado de vernos a las nueve. Yo me imagino lo peor, que al mismo tiempo es lo mejor para darme fuerzas y odiarte y golpearte, y acabar de una vez con todo para siempre. Me imagino (si lo imagino es cierto) que te quedaste haciendo el amor con tu nuevo visitante nocturno en el mismo sofá donde lo hacías conmigo. Yo quiero que me confieses los detalles íntimos más escabrosos para empezar a odiarte más fuerte con razones fundadas. Responde por favor, humíllame, lastímame, golpea, golpea, golpea:


– ¿Lo has besado en todo el cuerpo y no sólo en la boca?


Me das a entender que sí. Sugieres que sí estuviste con él en la misma cama en la que estuviste conmigo y te justificas pretextando un desquite:


–Es que tú andas con otra.


Y cuando por  última vez te dejo a una cuadra de tu casa, siento que deseas decir que no es cierta mi sospecha y que realmente te quedaste mirando la televisión y que esa es la única causa de tus ojeras, de tu desvelo y tu impuntualidad. Bajas del coche y, asomándote a la ventanilla, intentas aclarar algo temiendo una definitiva ruptura entre nosotros:


–No tengo por qué explicarte pero anoche estuve viendo películas hasta las dos de la mañana. Por eso llegué tarde. A él no lo he visto desde el jueves.


Siento que es un último y contradictorio intento tuyo de no romper para siempre conmigo y para tener de vez en cuando dos prisioneros juntos: un último guiño tuyo para no terminar y para volver a platicar el lunes a como yo te lo pedía con insistencia. Siento también que es demasiado tarde y, llorando, decido empezar el viaje que ha de encadenarme para siempre a ti y tomo la autopista. Acelero violentamente en éste viaje instantáneo en que busco encadenarte a mi mediante la trampa de dejarte ya en paz para siempre: libre con tu nueva ilusión, una ilusión fugaz que es un planeta triste en el que te engañarás pensando que ya tienes una pareja que será sólo tuya y cuyos brazos van a abarcarte mientras duermes, en el que te engañarás creyendo que ya no vas a vivir sola. No te engañes, lo sabes: realmente no le importas. Te dejaré ya en paz mediante la trampa de ya no llamarte por teléfono para no hacerte sufrir, no hacerte llorar, ya nunca lastimarte.

 

Rápido, hago el cambio a tercera muy cerca de la curva. 

A 140 kilómetros por hora mi horizonte se estrecha mientras busco el abismo. 

Lo sospecho como una mancha de azul intenso entre dos vagas claridades.

Acelero más y más mientras siento un golpe duro en las llantas.  

El coche salta en desequilibrio inestable el doble acotamiento 

Arrolla guarniciones. Derriba contenciones metálicas. 

Oigo el ruido rasposo de los primeros arbustos resistiendo. 

En el último instante, sobre el retrovisor, te lo juro, en dos 

adivinanzas se reflejan tus ojos. A 190, pasan veloces 

a mi lado los múltiples árboles móviles que 

salen evasivos a mi encuentro, mientras 

golpea violentamente al parabrisas,

con sólida violencia de astillas,

el único árbol fijo que 

hay en la curva 

que me 

espera

.


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Índice

1.                       Cinta de Moebius

2.                       Uno nunca sabe

3.                       Marcador final

4.                       Lilí

5.                       Eurídice

6.                       El regreso es más largo

7.                       Tú lo has dicho (paráfrasis)

8.                       No tocarás su cuerpo muerto

9.                       Ariadna en el laberinto

10.                   Rocío

11.                   El muchacho que te dije

12.                   Buscarte al amanecer

13.                   Ángela agónica

14.                   La vida de cubitos

15.                   No quieren jugar con nosotros

16.                   Al alcance de los niños

17.                   La ilusión de los sentidos

18.                   Es cosa de paciencia

19.                   Nosotros también adoramos a Tania

20.                   Una caseta telefónica cercana

21.                   Quisiera un castillo sangriento

22.                   Acero inexorable

23.                   Ciudades de refugio

24.                   Lápiz cosmético 1

25.                   Lápiz cosmético 2

26.                   Galletitas

27.                   Gatito con estambre

28.                   Medalla de oro

29.                   Esos no son sus pasos

30.                   Armagedón, M. R.

31.                   El sol en la oscuridad

32.                   Hidro-plus, M. R.

33.                   Cortarle las uñas al nene

34.                   Vasito de cortal cristado

35.                   El niño tiene razón

36.                   Elektro-Plus, M. R.

37.                   Cajitas de Pandora

38.                   Cariño a los animales

39.                   Juego de niños

40.                   Melpómene iracunda

41.                   Éxodo 3:14

42.                   Podremos mirar el mar

43.                   Jardines comenzados

44.                   Cosa de nada

45.                   Los grados del desorden

46.                   Las tardes sin Cecilia

47.                   La noche

48.                   Favores recibidos

49.                   Un llanto suena a deshoras

50.                   ¿Puedo comerme a mi perro?

51.                   Nimrod

52.                   Página 94

53.                   El viaje que nos tiene encadenados

54.                   Rompecabezas


53 relatos de fantasía, de violencia, de crueldad, de ciencia ficción, de tecnología ficción, de humor negro y de lo absurdo. En algunos cuentos asoma su nariz las matemáticas, como en el relato 'Los grados del desorden'. No todos los cuentos tienen solución o desenlace obvios, sino finales sorpresivos, o que quedan a la imaginación del lector. Hay dos con sendas variantes que el lector debe encontrar, son 'Lápiz cosmético 1' y 'Lápiz cosmético 2', cuentos distintos que parecen ser exactamente iguales. Varios de los relatos exigirán al lector una solución propia de alta exigencia como en 'El niño tiene razón'. Otro exigirá que el lector construya su propio relato, como en 'Gatito con estambre'. En otros sorprendentemente hay texto pero no hay cuento, como en 'Morir es como irse', donde el lector leerá pero en el vacío. El título de un cuento (pista: es uno breve) debe ser leído con precaución pues no es lo que se lee a golpe de vista: el título encierra una trampa. En otro se ha pretendido la construcción literaria de una cinta matemática que tiene sólo una superficie: hay que leer 'Como una cinta de Moebius', un cuento sin principio ni fin; la mitad de una palabra da la pista para recomenzar la lectura interminablemente. Hay algunos donde domina la tecnología ficción, como en ‘La piel del gato’, donde unos gatos generan electricidad para uso doméstico; tecnología ficción en aparatos diseñados para el suicidio como en ‘Armagedón’ (que es una guillotina portátil) o ‘Acero inexorable’ (esferas giratorias que matan por impacto). Dos o tres son particularmente crueles, uno de ellos: 'Cortarle las uñas al nene', que detrás del título encantador esconde una atrocidad impune. Son 53 cuentos para leer, divertir y desafiar el entendimiento. Gracias por leer. Si los entienden, explíquenme.- Wenceslao.

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